miércoles, 10 de diciembre de 2008

DALÍ & FILM


En medio del Fashion Week y de la quiebra de los bancos y la política económica de Bush, la atención de New York se volcó a los últimos días de la exposición Dalí & Film en el Museum of Modern Art, MOMA. Las salas estaban abarrotadas por miles de espectadores, en su mayoría gente joven. Es la respuesta a los que afirman que el verdadero arte, el que requiere talento y técnica, ya no le interesa al público. La exposición nos recibe con el rostro del genio que nos mira a través de una lente, ve nuestra orfandad en este siglo sin genios, para retratarla. Esta exposición monumental, con la dimensión ideal para rendir culto a su personalidad, es la reunión de los trabajos cinematográficos en los que intervino Dalí. La extraordinaria curaduría da una sala para cada película que se proyecta en loop rodeada de los cuadros que evocan o intervienen en el film. En la sala de Un Chien Andalou es inevitable la expresión de horror del público cuando Buñuel con su navaja recién afilada rebana por la mitad el ojo de la actriz que no se inmuta, sumergida en un sueño que sólo la morfina provoca. Dice Freud que uno de nuestros primeros terrores infantiles es la pérdida de un ojo. Un inicio estremecedor, la imagen más terrorífica y contundente de la historia del cine. Las hormigas presentes en muchas de las pinturas de Dalí ya aparecen en esta película, al margen de que Dalí decía que el genio de la película era él, la idea de las hormigas fue una solución de producción de Buñuel porque no consiguió orugas. Dalí veía en el cine un arte menor por la dependencia de decenas de personas que se requerían para la realización de una obra. Él, el gran genio, solo dependía de su amada mano derecha y sus ojos para realizar una obra maestra, y sin embargo las películas en las que intervino son pequeñas joyas. En L´Age d´or reconocemos todas las imágenes del cine de Buñuel que comparte con Dalí: la obsesión por un sexo delirante, doloroso, que es deseo que nunca se realiza, la presencia de animales amenazantes que como en las Metamorfosis de Ovidio son un destino que nos espera, una forma que nos persigue. En otra sala está la secuencia de Spellbound de Hitchcock, en la que Gregory Peck le narra sus sueños a un psiquiatra. Los extraordinarios diseños que realizó Dalí para la película son en blanco, negro y grises, hacen un contraste impresionante con el color del resto de su obra. La película sucede en un hospital psiquiátrico y se supone que está basada en información científica y que la secuencia del sueño está inspirada en la Interpretación de los Sueños de Freud. En lo absoluto son freudianos, estos sueños son dalínianos, nadie sueña así. La aportación extraordinaria de Dalí es que sus imágenes, sin tener nada que ver con los sueños se convirtieron en el sueño colectivo. Es un lugar común decir “imágenes oníricas” ¿De quién? Sólo de Dalí, de su gran sueño, su único sueño. El decía que Gala ponía una gota de perfume en su almohada y música delicada una hora antes de que despertara y que eso atraía sus sueños. Los sueños de Spellbound son fantásticos, no oníricos, las imágenes de Un Chien Andalou sí logran ese caos que es abrir una puerta y encontrar otro mundo. Creyendo como los antiguos romanos en la capacidad adivinatoria del arte, Spellbound tiene una imagen que es un presagio, miles de ojos que se multiplican, vaticinando la repercusión de la obra de Dalí en el arte. Dalí se consideraba a si mismo el Rafael de su época y realizaba sus óleos con las fórmulas de Veermer, exigió culto a su personalidad porque su obra tiene la estatura de ser venerada. Hoy vivimos una ecuación de a menos talento más artistas, más obras y más putería. Entregar los museos a los actuales artistas visuales, que los “curadores y críticos” admiran construyendo elogios y discursos a sus obras sin calidad es para responder como Dalí dijo de sus contemporáneos: “Van Gogh se cortó la oreja porque no la necesitaba, ya no escuchaba a nadie, estaba loco. Yo me podría cortar la mano izquierda porque no la necesito, yo pinto con la derecha. Los artistas contemporáneos, para lo que hacen, se pueden cortar las dos manos porque no las necesitan”.

2 comentarios:

EIB dijo...

Me hubiera cortado la mano derecha por jugar a que Cary Grant y no Gregory Peck, era el actor de "Cuéntame tu vida". No, por suerte no jugué nada, porque necesito estar entero, ya que se bienen tiempos bien difíciles.

Avelina Lésper dijo...

EIB: que bueno que no cerraste la apuesta porque ya habrías perdido una mano, no estría mal tu casting pero el actor de Hitchcock es Peck, por eso es mejor apostar cosas renovables. Saludos.